Necesaria una ciencia de la paz para analizar la violencia

Los estudios para la paz intentan comprender el fenómeno social de la violencia mediante el análisis.

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Xalapa – Veracruz | Eduardo Vázquez Reyes – Conacyt |

Ante el incremento de contextos de violencia en América Latina, es necesario fortalecer las herramientas de los estudios para la paz y crear alternativas de análisis y solución. Esta es una de las tesis que el científico social Francisco Jiménez Bautista, investigador en el Instituto de la Paz y los Conflictos de la Universidad de Granada, España, presentó durante su conferencia magistral Geopolítica de los estudios para la paz en América Latina, en el marco del foro “La UV como constructora de paz: alternativas a las violencias en Veracruz”.

El título de este foro académico corresponde al proyecto ganador del Premio 2017 a la investigación interdisciplinaria en torno a problemas relacionados con temas transversales de la Universidad Veracruzana (UV), reconocimiento otorgado por la máxima casa de estudios de Veracruz a través de su Secretaría Académica.

El propósito de este foro, organizado por el cuerpo académico de Estudios Socioculturales —perteneciente al Instituto de Investigaciones Histórico-Sociales de la UV— en coordinación con la Red temática de colaboración académica Antropología de género y emociones en grupos vulnerables (de esta misma universidad), fue enfatizar cuáles son las herramientas y resultados que se tienen para construir propuestas pacificadoras ante la violencia que existe en el estado.

Tipos de violencia y su normalización: una herramienta política

A propósito del análisis en esta materia, Jiménez Bautista sostuvo que la violencia tiene tres modalidades: directa, estructural y cultural. La primera consiste en la percepción que se presenta de una agresión física o verbal: “Es el número de asesinatos, el número de robos, el número de hurtos. Y la violencia verbal, por ejemplo, se da cuando se suministra tranquilizantes a las personas que van al psicólogo, que necesitan terapia”.

La violencia estructural surge en las instituciones, como las universidades, la familia, el lugar de trabajo y hasta la gobernanza. Para el investigador, esta última se refiere cuando el gobierno en turno elabora leyes que afectan a la población y se perjudica con ellas a las personas.

Además, existe la violencia cultural, que legitima a la directa y a la estructural mediante el uso de técnicas y prácticas de los diferentes actores sociales.

“La violencia cultural legitima como necesaria una ley que perjudica a la población. Como cuando dicen: ‘No hay recursos, estamos en crisis, haremos recortes’. Está constituida por relaciones de poder. Por ejemplo, cuando se tiene agradecimiento con alguien que nos ha dado dinero”.

Señaló que en el contexto de América Latina, específicamente en el caso de Colombia y México, la violencia se ha normalizado hasta llegar a ser parte constante del día a día de los ciudadanos. “Ahora ya es normal ver a alguien muerto”.

Comentó que la normalización obedece al diseño de un universo moral, es decir “a la justificación que se necesita para seguir manteniendo la estructura de poder”, en la cual la violencia llega a tener sentido y se convierte en una herramienta política, en una necesidad de los gobiernos.

Aportaciones a los estudios para la paz: diagnóstico, pronóstico y terapia

Los estudios para la paz intentan comprender el fenómeno social de la violencia mediante el análisis. En su mayoría, parten de las propuestas del sociólogo y matemático Johan Galtung, quien elaboró distinciones de términos. Es uno de los autores que se encuentran en las reflexiones de Francisco Jiménez Bautista.

En los estudios para la paz, si se quiere llegar a una propuesta de solución de los contextos de violencia, es necesario proceder tal y como lo hace la ciencia médica. La obra del investigador de la Universidad de Granada apuntala un proceso de análisis que debe cumplir tres filtros: un diagnóstico, un pronóstico y una terapia (solución), de acuerdo con su propuesta teórica y práctica que ha expuesto a lo largo de sus reflexiones y obras.

“La base científica de estos estudios es hacer un buen diagnóstico, hacer propuestas y tener terapias que nos ayuden a resolver conflictos a través del diálogo. Intentamos hablar y dialogar con actores que realmente aporten. Desde un político, desde la sociedad civil, una comunidad indígena, una ONG. Hay recursos que desde la ciencia ayudan a buscar mecanismos para llegar a un acuerdo”.

En este sentido, el diagnóstico tiene que abarcar cada una de las partes involucradas en un conflicto, es decir, a los actores sociales en el contexto de violencia. Si no se toman en cuenta, no se tendrá un resultado completo, pero sí fragmentado.

El pronóstico tiene que ver con “una mirada hacia el futuro”, el cual permite concluir posibles consecuencias del conflicto. Mediante los resultados arrojados por el diagnóstico, con este segundo elemento de estudio se puede ver hasta qué punto irá a parar el problema social en cuestión.

Por último, la terapia es la posible solución al problema de violencia. Esta no se queda en observaciones o en la recolección de datos para el análisis, sino que es la propuesta, el punto de llegada. Desde la argumentación establecida por el especialista en este tema, con este último elemento se dice qué se necesita emprender para recobrar la paz, emulando al médico que emite indicaciones para llegar a la salud.

Estos tres elementos constituyen el método científico que se encarga de analizar los problemas relacionados con la violencia y que resulta pertinente, aseguró, en los procesos de paz de algunas naciones.

Para el investigador, aunado a esta propuesta, se debe apostar más a la educación para tener mayores elementos de construcción de paz y reducción de contextos violentos, en lugar de atender a la fuerza pública.

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